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18 octubre, 2011

Barcos españoles en Grecia. Varaderos

Tras un invierno con el barco en seco, hay que hacer muchos trabajos de pintado y puesta a punto.Que delicia volver al agua con el barco. Estar en el varadero, en seco, es de lo más cansado, de lo más caluroso, de lo más sucio: pinturas, disolventes, grasas, polvo… Uf que delicia volver al mar

Y el caso es que este varadero tiene su gracia. Tiene gatos y en primavera, muchos gatitos; tiene una pareja de ovejas que balan sin parar. Y gallinas; tiene unas hermosas gallinas. Es lo menos parecido a un varadero convencional. Y tiene a Takis, que en su patacha trapera nos invita a cervezas helada y nos cuenta historias como esta:
Corrían los años 50 y nadie sabía que había unas islas en el Jónico. Solo los propios isleños que las habitaban y producian 4 limones y 5 cabras; cuando un conocido millonario decidió comprar una. El era Onassis , ella Skorpios; un islote. Y luego vino Maria, mi admirada María Callas; pero eso es otra historia.
La isla que compró, como todas las islas deshabitadas de Grecia, no lo son tanto; están llenas de cabras.  Ellas no se escapan, las cabras. Y ellos, los dueños, solo tienen que ir con la barca y recogerlas. Skorpios estaba llena de cabras y los pastores se enfadaron muchos cuando el millonario compró la isla; sus animales ya no podían pastar por los suntuosos jardines y mayestáticas casas; así que quisieron matarlo. Takis dice que lo intentaron, yo no lo sé con certeza. Bueno, dejémoslo en que lo planearon.
Onassis que no era tonto, se dio cuenta de que si no puedes contra ellos, lo mejor es aliarte. Decidió ser muy amable y generoso.
Y en esto apareció Kiriako ( Domingo) que remaba con su barca por los alrededores de Skorpios. Kiriako era decidido y tenía una gran idea: construir un varadero en el protegido golfo de Vliho, en Lefkada. Se acercó a el Cristina, el famoso yate y pidió hablar con el dueño. Los guardaespaldas se lo impidieron, pero Onassis, oyendo el alboroto se acercó y les dijo que lo dejaran pasar. Kiriako, seguro de su idea, directo en sus pretensiones, expuso al poderoso Aristoteles sus deseos; este sonrió y asintió. Le prestó el dinero para abrir su varadero. Varadero en el que mi barco y otros mucho, descansan en invierno.
Hoy ya nadie intentaría matar a Onassis que convirtió unas islas de limones y de cabras e una de los centros del glamur del Mediterráneo. Y mucho menos Kiriako que consiguió su sueño: el Varadero de Vliho.
PA090060.jpg.Barcos españoles en Grecia. Anecdotas de un varadero
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