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22 abril, 2011

El fascinante mecanismo para predecir eclipses en Grecia

En los barcos se echo durante muchos siglos de menos tener un cronometro para poder medir la longitud. Lo fascinante es que mas de 2000 años antes existia este mecanismo tan sofisticado.

El mecanismo era técnicamente más complejo que cualquier otro instrumento conocido, al menos en el siguiente milenio. Solo hay que comparar sus delicados engranajes con el sencillo Astrolabio que se utilizó durante mucho tiempo después como medidor de la posición de un astro.

Tenía un dial en el frente con dos círculos concéntricos; uno con el zodiaco griego y otro con el calendario Egipcio, basado en el ciclo Sótico; o ciclo en la estrella Sirio. Una vez más la importante Sirio. Con tres manecillas, una para la fecha y dos para la posición de la luna y el sol y debió llevar alguna más para posicionar los planetas, según rezan sus inscripciones.

También predecía la fase lunar y tenía un almanaque que daba los ortos y los ocasos de astros importantes. La parte trasera tenía dos escalas espirales (hechas de semicírculos con dos centros) que indicaban la posición dentro de los ciclos astronómicos más importantes: El Metónico, el Sarico, el Calípico… Todos ellos relaccionados con las fases y los eclipses lunares. Es decir; servía para predecir eclipses. Esto habría sido importante para establecer el cronograma de festivales agrícolas y religiosos y para calcular la fecha de la celebración de los juegos olímpicos.

Los historiadores dudan de si llegó a ser un instrumento de navegación, porque era muy delicado para transportarlo en los barcos de la época. Bueno, no me parece una razón fundamental ya que iba encerrado en su caja y lo podían estibar en lugares resguardados de las inclemencias del tiempo y solo sacarlo en momentos excepcionales. Lo que sí está claro es que el retroceso producido tras la desaparición de estos mecanismos y la adquisición del astrolabio o incluso el sextante, con sus farragosos almanaques, fue mayúscula. Por no comentar los siglos que sufrieron los navegantes sin poder determinar la longitud de su posición, por no disponer de un cronómetro preciso, cuando hacía ya 20 que alguien había construido un mecanismo de tal sensibilidad.

 

 

 

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