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26 octubre, 2012

Historias de fantasmas y Barcos. Riniá

¿Somos lo que comemos o somos lo que leemos? Creo que todos viajamos a cuestas con muchos libros desdibujados por el tiempo; en nuestros sesos. Por eso yo a menudo veo cosas.
Llegamos a Riniá para pasar una noche, pero el viento, el que manda, ha dicho que por lo menos dos.
Al lado Delos, la isla sagrada. Cuentan que la creó Zeus para que Leto diera a luz a Apolo, protegida aquí de los celos de Hera que, como tantas veces, era cruel con las amantes de su marido. Por esta u otras razones Delos fue un día el centro del comercio del mundo civilizado; la City Helénica. Banqueros y comerciantes adinerados tenían sus mansiones en Delos; los barcos entre su puerto y Riniá que lo protege, esperaban ansiosos a cargar o descargar mercancías variadas. El dinero es sagrado, así que la isla también. El dinero quiere lujos, no miserias; por eso u otras razones los moribundos y las parturientas eran desterrados a Riniá. Ni la muerte ni la vida le interesan al capital.
No quisimos volver a Delos. Todavía puedo oler el espliego de aquella lejana mañana de primavera paseando por sus ruinas entre lagartijas sacras, completamente solos; con el barco amarrado en su puerto; hoy prohibido; y el saludo de las barcas cuando llegaban. Eso, mejor conservarlo en el recuerdo. Así que nos fondeamos en Riniá. Misteriosa Riniá.
Aguas fantásticas, fondeadero fantástico, todas esas cosas…
…Pero a lo que íbamos; Riniá esta llena de fantasmas. Se pasean por las noches y encienden luces; por el día no puedes verlos.
Las casas de la isla, blancas por supuesto, son escasas y muy separadas las unas de las otras, con vallas de piedra que delimitan los amplios terrenos de cada una. En medio caminos. Y playas de arena.
Me gusta Grecia pero lo que más me gustan son los griegos; no paro de mirar para ver si puedo intercambiar unas palabras con alguno; un poco de charla, de Κουβέντα . Esta mañana he creído ver a gente; diría que eran tres, con perros; se acercaban a la orilla. Corriendo he cogido los prismáticos y al enfocar… se habían desvanecido.
-Vamos a bajar, vamos a bajar, vamos a bajar. Por favor.
Hemos recorrido sus caminos entre vallas, hemos cruzado la isla entre arbustos que hace tiempo no han visto el agua, hemos visto una ermita, un cementerio, ovejas, ruinas y hasta un perro con cascabel que venía ceñudo a ver quien perturbaba su paz; ha meado en un matujo delante nuestro. Y una taberna de mesas celestes corridas frente al mar. ¡Dios que taberna! Parecía como si alguien la hubiera visitado la noche anterior, todavía cacharros y trapos por sus fogones. Allí me habría quedado, mirando a Delos de no estar cerrada… Allí estaría yo, entre espectros.
No hemos visto un alma. ´Hemos vuelto al barco, donde me encuentro escribiendo. Está anocheciendo. Se empiezan a encender las luces de las casas.
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