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13 diciembre, 2012

La sirena de Milos

Este país, incluso tras años de familiaridad, a menudo inspira esos sentimientos de cándida gratitud ¿Qué maravillosa vida es esta que llevo?
Patrick Leigh Fermor (Mani. Viajes por el sur del Peloponeso)

Estaba yo releyendo el libro de Fermor en la bañera del barco, fondeados en el cráter de Milos. Y pensaba en la cantidad de escritores, pintores, fotógrafos, músicos o personas corrientes que se quedan enganchados a esta tierra sin remedio. Cuando caes en la cuenta de que un simple plato de aceitunas puede ser glorioso, de que hay verdadera emoción en el aburrimiento, en mirar la sombra de un arbol moverse, las cabras sestear en los riscos, el mar agitarse o el pesado baile de una mosca a medio día, si reconoces que esta luz no es luz de ver, si no de respirar y de sentirse vivo, estas a punto de entrar en el club de los afectados. Y todo eso a pesar de ser un país en ruinas; más o menos como el Mani de 1958 de Fermor; como si no hubiera pasado el tiempo.

Un gran crucero descargaba sus pasajeros con lanchas en el puerto de Adama. ¿Qué verán estos turistas que a lo sumo van a pasar 4 horas en la isla? Si esto es inacabable. Y no solo Milos, si no todo su universo: la perforada Kimolos, las rocas rojas de Poliagos, el vacío de Antimilos, la isla de la tiza… Siempre que algún amigo me pregunta por una isla para pasar las vacaciones le recomiendo Milos; sé que no tendrá tiempo de verlo todo.

Estas islas volcánicas están agujereadas como un queso, llenas de oquedades tanto por arriba como por abajo. Muchas de las cuevas terrestres, habitadas, decoradas y repintadas forman verdaderos pueblos muy llamativos y entretenidos; entre los islotes, los huecos y las rocas, se componen pasadizos, arcos y puentes con mucha gracia. Y bajo la superficie del mar, incalculables más que no conocemos.

Yo miraba el ir y venir del desembarco del crucero cuando sentí el ruido de un escape de un motor…

FLOPS. GRUAFS. GRUAFS

…pero sin motor…ni barco…ni nadie. Un buceador con traje de neopreno se zambullía muy cerca del barco.

GRUAFS. GRUAFS. FLOPS

¡Qué buceador ni que demonios! ¡Es una foca! Llevaba algo en la boca y lo dejaba caer de sus fauces para volverlo a coger más tarde. Agitaba la cabeza, jugando como un perro con un trapo.
Me quedé quieta, muy quieta; me tumbé en la bañera y la observé por debajo del balcón.

FLOPS. GRUAFS. GRUAFS

Se la veía feliz. Con gran descaro se acercó a escasos metros del barco para seguir refocilándose con sus monadas. Ni toser, ni respirar, ni mucho menos ir a por la cámara; me convertí en una estatua. Me miró y la miré. Pero ella nada podía sospechar porque yo era inanimada.

Los humanos somos unos impacientes. No podía esperar más cuando me acerque a la popa y comencé a deslizarme lentamente en el agua. Me miró y la miré. Se tragó el pez de un bocado y se sumergió como una bala.

– Noooo. ¡No te vayas!

La perdí de vista de inmediato; se fue veloz hacia lo más profundo con un fundido en verde. Se fue en busca de su guarida, de su cueva sin pintar o de las múltiples cuevas que no vemos y ella sí; las de su mundo.

– ¿Y yo qué?

Me sumergí tras ella y nadé y nadé hacia abajo buscando su sombra ¡Quien fuera pez!  pero no tengo agallas. Hubiera seguido allí, en el silencio, si no fuera por que… dicen que respirar es un acto involuntario.
Asomé la cabeza y aunque me cegaba el sol pude ver las lanchas del crucero que iban y venían llenas de turistas.

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2 Comments
  1. He llegado a tu blog por casualidad, buscando Milos, y me ha encantado tu relato.
    Gracias.

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