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12 noviembre, 2013

Leyendas de Skorpios

Hay lugares en el mundo con esencias sombrías, pneumas oscuros. Así es Skorpios, una isla muy verde que se tiñó de rosas y amarillos en sus épocas gloriosas, pero que en el fondo tiene negras leyendas.

Skorpios fue adquirida por el magnate griego a principios de los años 60 como un presente de gallo presumido para Maria Callas, la Divina. No solo compró la isla si no que tuvo también que adquirir una montaña cercana, en Lefkada, para abastecer de agua a la isla y convertirla en el jardín que es hoy. Allí paso la diva largos veranos viviendo su pasión arrebatadora, esa que le dejó sin voz y posiblemente sin habla, cuando se enteró por la prensa de que su querido Ari contraía segundas nupcias con la mujer más famosa del momento; Jacqueline Kennedy.

Ya conté en una ocasión que la compra de Skorpios enojó a muchos pastores que tenían allí sus rebaños de cabras. Dicen los rumores que alguno juró matarle; pero Onassis se convirtió en popular personaje y supo hacerse apreciar en la zona a base de buenas prebendas. Un islote en el que solo saltaban las cabras pasó a saltar, por sí  mismo, al papel couché, a las pantallas de los televisores y los cines; un islote donde igual podías ver a Churchill que a Gracia y Rainiero; donde entre agudos y pianísimos se oían las dramáticas peleas de la Callas o el helicóptero que venía a traer el pan de Jackie, todos los días, desde su panadería favorita, a 300 km. Cualquier rico que se preciara quería tener una cosa así. O si no, Spetsopula, en el Egeo, propiedad de Niarchos, su rival en los negocios y en la vida en general; el que consiguió casarse con la ex esposa de Onassis y esta, más tarde se suicidó. Fin del primer acto de la tragedia.

Onassis en los negocios no solo era un lince si no que carecía de escrúpulos; solo así se amasan fortunas, es obvio. Se dice que alguna victima arruinada por sus manejos financieros le lanzó una maldición, que hizo extensiva a sus descendientes. Puede ser verdad o fábula  aquel mal de ojo, pero lo cierto es que la vida de los personajes asociados a la isla no pudo tener más funestos desenlaces. Los hijos de Onassis y Jackie, muertos en accidente de aviación;  el cadáver de Cristina Onassis hallado  en su piscina con una sobredosis de barbitúricos, a causa de sus amores atormentados con el padre de su hija Athina;  La Callas sola y abandonada en Paris;  el mismo Onassis, loco de dolor por la muerte de su primogénito, fue presa de una rara enfermedad. Una historia digna de Eurípides para ser representada en Epidauro.

El testamento de Onassis, parece ser que dejaba claras dos cosas: que el padre de Athina no tocaría un dólar hasta que la niña fuera mayor de edad y que la isla siempre sería propiedad de la familia o de la fundación Onassis. Hay una pequeña ermita en lo alto con las tumbas de él y sus dos hijos; posesión para toda la eternidad.

Athina se marchó a Suiza a vivir con su familia paterna y  solo una vez volvió a la isla para visitar la tumba de su madre. Los griegos la recibieron como a una diosa, pero se quedaron estupefactos de que apenas hablara griego y  de que poco o nada sabía de su país. Supongo que el despecho paterno algo tuvo que ver en ese desapego. El caso es que Athina nunca quiso a Skorpios y la isla quedó habitada solamente por el servicio, guardas y pastores, a cargo de la fundación Onassis.

No había barco de vacaciones que no fuera a fondear en sus bahías, ni golondrina de turistas que no acercara a sus pasajeros a bañarse en la “playa de la Callas” con el Casta Diva a todo volumen.

– A su izquierda, Señores, podrán contemplar la casa que se hizo construir Jackie Kennedy. Es de estilo cicládico. Y la arena de la playa se hizo traer desde el norte de Africa. Nunca quiso vivir en la casa grande con Onassis y le obligó a deshacerse de cualquier objeto relacionado con María.

Ohhh….Chas-Chas-Chas. Miles de fotos y miles de flashes. Casta Diva otra vez….

Con una historia así y llena de turisteo, parecería difícil que alguien quisiera esta isla. Pero eso es lo que nos parece a los mortales; los ricos tienen otras necesidades que nosotros no comprendemos. Por ejemplo más pasta. O por ejemplo la fama; porque ricos hay muchos, pero el glamour cuesta trabajo de conquistarlo; así que si me compro una isla famosa…ya soy famoso.

Eso le debió pasar a esta millonaria rusa de 24 añitos de nombre olvidadizo; que para dejar de ser La Rusa, como una vulgar ensaladilla, le dijo a su papá que le comprara Skorpios. Ya puede salir en los papeles y llamarse Ekaterina Rybolovleva. Ha manifestado a la prensa que se lo plantea como una inversión a largo plazo y que va acometer reformas respetuosas con el medio ambiente. Tiemblo de pensarlo, porque no solo ha comprado Skorpios, si no algunos terrenillos e islillas cercanas.

Lo que nadie se explica es que ingeniería legal han debido idear para saltarse a la torera el testamento de Onassis. Lo de las barcas de turistas y veleros, lo ha solucionado rápido; ha puesto boyas en toda la cara norte de la isla para que nadie se acerque ¡A cantar el Casta Diva  a altamar! Y ha atracado su inmenso e impersonal yate en el puerto donde antes fondeaba el Cristina.

Durante el día hay un gran trasiego de ferries cargando materiales en el muelle. Algunos comentan que la está despojando de todos los muebles y objetos de la familia y que los ha regalado al ayuntamiento de Meganisi del que depende la isla. Es curioso; te compras una isla con historia y la cambias entera; es como comprarse el palacio de Sisí y hacerle una reforma minimalista. Pero así es la vida; Jackie no quería las cosas de la Callas y la Rusa no quiere las cosas de la Jackie. Y así es Grecia, la pobre, con su historia desperdigada por museos de todo el mundo.

Yo, de todos modos, nunca me hubiera comprado una isla como esta, con espíritus trágicos, tumbas ilustres e historias de tintes casi mitológicos;  maldiciones y supersticiones. Si alguna noche alcanzas a oír un gemido a lo Lucía de Lammermoor, puedes llegar a enloquecer ¿No?

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