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17 febrero, 2011

Navegar por el Jónico. Literatura

La literatura forma parte esencial de los viajes, te ayudan a comprender el pais que visitas. Por ello creemos que recomendarte los libros de Lawrence Durrell es un buen consejo.
El británico Lawrence Durrell (1912-1990) publicó «Las islas griegas» en 1978. Tenía 66 años, y era ya un escritor con reconocimiento internacional por «El cuarteto de Alejandría», una serie de cuatro novelas publicadas entre 1957 y 1960. En 1978 era ya también autor de otras novelas, de poemas y de una correspondencia extraordinaria. Destacan las cartas cruzadas con Henry Miller.

«Las Islas griegas» fue un libro de éxito instantáneo. Los años vividos en Grecia -su familia residió en la isla de Corfú y su hermano Gerald, zoólogo y fantástico humorista contó la vida familiar de aquellos años en «Mi familia y otros animales»-, su extraordinaria cultura y la tradición británica de tantos buenos libros de viajes hicieron que Durrell nos diera esta joya. ¿Qué tipo de libro de viajes es «Las islas griegas»? Durrell responde así en el prefacio: una guía, sí, pero muy personal.

Como guía «Las islas griegas» está bien estructurada. De las aproximadamente 2.000 islas griegas Durrel se ocupa de 48. Dos versos, con humor, de Gerardo Diego, dedicados a las estrellas, podrían sentenciar la pertinente selección de islas que ha hecho Durrel: «Están todas. / También las que se encienden en las noches de moda…». Y, en las noches de moda, y bajo las estrellas, se encienden, sobre todo, Míconos, Corfú, Creta, Rodas, las islas que más atraen a los turistas.

Para orientarnos en este laberinto de islas, Durrel las divide en siete grupos: siete islas jónicas -Corfú, Ítaca, Zante… -, el Egeo meridional -Creta, Citerea, Santorín, cantada por los poetas Seferis y Elitis, ambos galardonados con el premio Nobel-, 13 Espóradas del sur -Rodas, Kos, Patmos, Ikaria, Leros, donde estuvo preso, durante la Dictadura de los Coroneles, el poeta ya fallecido Yanis Negrepondis; esto no lo dice Durrell porque en un libro no se puede decir todo-, dos Espóradas del norte -Samos y Quíos-, el Egeo septentrional -Lesbos, Samotracia, Escópelos…-, las Cícladas -Naxos, Paros, Míconos, Delos…-, y el grupo vernáculo -Salamina, Egina, Poros, Hidra, Spetsai-.

«Las islas griegas», como dice Durrell, es, pues, una guía… pero muy personal. Y así lo es: como cualquier autor de una guía, Durrell parte de altas dosis de documentación que ha digerido bien. Se ha informado mucho pero sólo nos cuenta lo esencial. Un simple detalle demuestra hasta qué punto es una guía muy personal. Cuando habla de Patmos, enclavada en las Espóradas del sur, la describe como una tortuga en una mancha de atolones. Dice Durrell que lo que la hace parecer extraña a la isla de Patmos es el que sea totalmente cristiana sin ningún rastro de la antigua Grecia. Patmos surge de pronto fulgurante con el Apocalipsis, de san Juan, y Durrell lo describe como «un poema extraño y trascendental digno de un Dylan Thomas temprano». En una guía convencional no hallaremos jamás una observación literaria de este tipo. Durrell es un escritor con buena percepción visual del paisaje. Este libro envejecerá muy bien. Ofrece mucha información y sólo tiene un defecto: le sobran unos cuantos adjetivos. Si Lawrence Durrell hubiera leído, con humildad, a su hermano el zoólogo, habría podido aprender esa lección minimalista de que menos es más. Pero ¿quién se deja educar -y mucho menos literariamente- por un zoólogo? ¡Y, además, hermano!

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