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11 febrero, 2015

Scorpios, la isla de la vanidad

Si pudiera hablar, Skorpios mandaría a todos al infierno para que la dejaran en paz, como a sus vecinos, los islotes de cabras y moscas. La verdad es que vista desde lo alto, tiene unas formas hermosas y suaves llenas de pequeñas bahías recoletas, situada en medio de un mar rodeado de hermanas más grandes, como Lefkada o Meganisi, que hacen imposible que un temporal la pudiera castigar; en otro lugar está su pecado.
Ya escribí el año pasado por estas fechas que la isla de Onassis había sido comprada por un millonario ruso como regalo para su hija; Ekaterina Ryvolovleva. La chica le comentó a papá que una íntima amiga suya, Athina Onassis, vendía una pequeña isla en el jónico, heredada de su familia materna, de la que no quería volver a oír a hablar. Fue por su 24 cumpleaños y a ella le hacía una ilusión tremenda pasearse como dueña por Skorpios, la glamurosa isla de Jaqueline-Kennedy-Onassis-Maria-Callas. Adueñarse de una tierra con historia es algo que a los ricos entusiasma; el dinero lo compra todo de forma rápida pero los cuentos de príncipes y princesas tardan más tiempo en escribirse. Hablamos de ricos muy ricos, sin fama ni laureles heredados, pero que bien se pueden crear a base de billetera. Ya descubrió el mismo Aristóteles Onassis lo de que si quieres ser popular debes rodearte de gente notoria. Él lo llevó hasta el extremo de casarse con la heredera más rica, enamorar a la diva más importante y volverse a casar con la viuda más celebre del momento; así consiguió la gloria.
Todavía resuenan en las montañas los ecos de las grandes fiestas que organizaba el mismísimo Onassis con insignes invitados de nombres solemnes que inmediatamente originaban nubes de flashes y fotógrafos de la prensa rosa persiguiéndolos a todos con teleobjetivos de metro. Mientras tanto hacía negocios. Como una enfermedad contagiosa, Ekaterina parece perseguir el mismo plan; emulando a su antiguo dueño ha montado un auténtico sarao para celebrar su 25 cumpleaños. Lo ha hecho a lo grande; gastando la pequeña cantidad de 4 millones de euros en preparativos. Conozco a gente que lleva más de 5 meses trabajando en la isla para la organización del gran evento que se ha dado en llamar “El  party del año”.  Un poco exagerado el calificativo; dados los tiempos que vivimos, ser algo del año requiere mucho más mérito ¿Acaso ha sido trending topic? Más de 60 personas vivían o viajaban a diario pendientes de las preparaciones. Todos estos están encantados. Me comentaba un amigo que incluso tiene gente de servicio encargada de cuidar la flora y fauna de la isla. Que afortunadas las serpientes y lagartijas de Skorpios, las ovejas, los pavos salvajes que corretean a su antojo. Podrían haber nacido en Atenas y simplemente se los habrían merendado.
También conté en anterior ocasión el empeño de Onassis en congraciarse con los habitantes vecinos¸ hubo algún cabrero desterrado que le juró muerte eterna; él simplemente sacó el talonario y le tapó la boca. Poco a poco se convirtió en un prócer de la zona y de todo Grecia; a pesar de que, en fin, esas fortunas inmensas no se consiguen nunca limpiamente, no salen las cuentas.
La fascinación de la Ryvolovleva por el antiguo dueño de Skorpios le hace seguir a pies juntillas el guion. Ha regalado una ambulancia nueva para el hospital de Lefkada y una flamante patrullera a la capitanía de puerto; instancia militar en Grecia; para que no se les cuele ningún maleante en patera. También ha dicho a sus invitados al cumpleaños que no le hagan ningún regalo, que lo donen a obras de caridad para niños.
Dicen que los concurrentes fueron divididos en dos equipos para participar en “la búsqueda del tesoro”; que podía encontrarse tanto en la tierra como en el mar. Quien lo hubiera pillado de niños, aunque fuera en una isla recortable ¿Verdad?  tanto mejor en una isla de tierra y agua.  Ataviados como piratas, con pistolillas laser y con dispositivos último grito que emitían señales sonoras o luminosas cuando el rayo les alcanzaba, declarándoles fuera de juego, corrían por los senderos o nadaban por las bahías entre risas, bromas y pavos asustados. Es más, para hacerlo real de verdad, amarraron un barco pirata, con tibias y calaveras. Ni Stevenson podría haberlo recreado mejor.

Si pudiera hablar, Skorpios mandaría a todos al infierno para que la dejaran en paz, como a sus vecinos, los islotes de cabras y moscas. La verdad es que vista desde lo alto, tiene unas formas hermosas y suaves llenas de pequeñas bahías recoletas, situada en medio de un mar rodeado de hermanas más grandes, como Lefkada o Meganisi, que hacen imposible que un temporal la pudiera castigar; en otro lugar está su pecado.
Ya escribí el año pasado por estas fechas (leer aquí la entrada) que la isla de Onassis había sido comprada por un millonario ruso como regalo para su hija; Ekaterina Ryvolovleva. La chica le comentó a papá que una íntima amiga suya, Athina Onassis, vendía una pequeña isla en el jónico, heredada de su familia materna, de la que no quería volver a oír a hablar. Fue por su 24 cumpleaños y a ella le hacía una ilusión tremenda pasearse como dueña por Skorpios, la glamurosa isla de Jaqueline-Kennedy-Onassis-Maria-Callas. Adueñarse de una tierra con historia es algo que a los ricos entusiasma; el dinero lo compra todo de forma rápida pero los cuentos de príncipes y princesas tardan más tiempo en escribirse. Hablamos de ricos muy ricos, sin fama ni laureles heredados, pero que bien se pueden crear a base de billetera. Ya descubrió el mismo Aristóteles Onassis lo de que si quieres ser popular debes rodearte de gente notoria. Él lo llevó hasta el extremo de casarse con la heredera más rica, enamorar a la diva más importante y volverse a casar con la viuda más celebre del momento; así consiguió la gloria.
Todavía resuenan en las montañas los ecos de las grandes fiestas que organizaba el mismísimo Onassis con insignes invitados de nombres solemnes que inmediatamente originaban nubes de flashes y fotógrafos de la prensa rosa persiguiéndolos a todos con teleobjetivos de metro. Mientras tanto hacía negocios. Como una enfermedad contagiosa, Ekaterina parece perseguir el mismo plan; emulando a su antiguo dueño ha montado un auténtico sarao para celebrar su 25 cumpleaños. Lo ha hecho a lo grande; gastando la pequeña cantidad de 4 millones de euros en preparativos. Conozco a gente que lleva más de 5 meses trabajando en la isla para la organización del gran evento que se ha dado en llamar “El  party del año”.  Un poco exagerado el calificativo; dados los tiempos que vivimos, ser algo del año requiere mucho más mérito ¿Acaso ha sido trending topic? Más de 60 personas vivían o viajaban a diario pendientes de las preparaciones. Todos estos están encantados. Me comentaba un amigo que incluso tiene gente de servicio encargada de cuidar la flora y fauna de la isla. Que afortunadas las serpientes y lagartijas de Skorpios, las ovejas, los pavos salvajes que corretean a su antojo. Podrían haber nacido en Atenas y simplemente se los habrían merendado.
También conté en anterior ocasión el empeño de Onassis en congraciarse con los habitantes vecinos¸ hubo algún cabrero desterrado que le juró muerte eterna; él simplemente sacó el talonario y le tapó la boca. Poco a poco se convirtió en un prócer de la zona y de todo Grecia; a pesar de que, en fin, esas fortunas inmensas no se consiguen nunca limpiamente, no salen las cuentas.
La fascinación de la Ryvolovleva por el antiguo dueño de Skorpios le hace seguir a pies juntillas el guion. Ha regalado una ambulancia nueva para el hospital de Lefkada y una flamante patrullera a la capitanía de puerto; instancia militar en Grecia; para que no se les cuele ningún maleante en patera. También ha dicho a sus invitados al cumpleaños que no le hagan ningún regalo, que lo donen a obras de caridad para niños.
Dicen que los concurrentes fueron divididos en dos equipos para participar en “la búsqueda del tesoro”; que podía encontrarse tanto en la tierra como en el mar. Quien lo hubiera pillado de niños, aunque fuera en una isla recortable ¿Verdad?  tanto mejor en una isla de tierra y agua.  Ataviados como piratas, con pistolillas laser y con dispositivos último grito que emitían señales sonoras o luminosas cuando el rayo les alcanzaba, declarándoles fuera de juego, corrían por los senderos o nadaban por las bahías entre risas, bromas y pavos asustados. Es más, para hacerlo real de verdad, amarraron un barco pirata, con tibias y calaveras. Ni Stevenson podría haberlo recreado mejor.

El caso es que una invitada se hirió y tuvo que ser trasladada al hospital de Lefkada; el de la ambulancia nueva; donde un equipo médico suizo, de uniformes níveos, muy almidonados y crucecitas rojas sobre fondo blanco esperaban atentos; contratados expresamente para cubrir las urgencias del evento, ante la duda de que la sanidad pública helena, con los tiempos que corren, pudiera hacerse cargo. Debió ser ante el estupor de los médicos y pacientes griegos del día a día, porque conozco el hospital y allí no cabe mucha gente. Pero supongo que ante el famoseo y el ricachón, las enfermedades comunes aflojan, pues son prescindibles.

Un portavoz familiar declaró que Ekaterina había decidido celebrar su aniversario en Skorpios por el gran apego que le tiene a Grecia; se siente muy cerca de su pueblo. Yo es que soy muy descreída y estos espectáculos feudales de las bodas de Fígaro y del conde de Almaviva me pueden. Además, lo que echo en falta es una voz lírica cantando “Casta Diva” a lo Callas; mi punto flaco de toda la historia. Que me perdone Beyoncé pero Anna Netrebko, la soprano rusa más codiciada del momento, hubiera sido más apropiada si de seguir la costumbre se trataba.

A Skorpios se le presenta una segunda o tercera vida de sociedad y en muchos negocios de los alrededores, los nietos de aquellos que servían a Onassis se vuelven a frotar las manos. La isla, reverdece a la espera de que se aburran otra vez de ella y de que pavos vanidosos dejen de picotearle las entrañas.

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